Es la primera pregunta que recibo, y casi siempre viene con una disculpa delante. No hace falta: preguntar el precio es lo sensato.
La respuesta honesta es que no hay tarifa única, y desconfía de quien te dé una cifra antes de saber qué evento tienes. Lo que sí puedo darte es la lista completa de lo que mueve ese número, para que sepas qué estás comparando cuando pidas tres presupuestos.
Lo que realmente determina el precio
El formato del show
No cuesta lo mismo pasar por las mesas durante el cóctel que hacer un show de cuarenta minutos sobre un escenario. La magia de cerca necesita al mago y poco más. Un show central implica guion, ensayo, montaje y, según la sala, técnica de sonido e iluminación.
La duración y el número de pases
Una actuación de treinta minutos en el aperitivo es una cosa. Tres pases repartidos a lo largo de una boda de doce horas es otra bastante distinta, porque bloquea el día completo.
El número de invitados
Veinte personas alrededor de una mesa y doscientas en un salón no son el mismo trabajo. A partir de cierto aforo hacen falta microfonía, pantallas o un planteamiento de show completamente distinto para que la última fila vea algo.
Dónde es
Dentro de la Comunidad de Madrid el desplazamiento suele ir incluido. Fuera empieza a contar el viaje, y si el evento termina de madrugada a cuatrocientos kilómetros, también el alojamiento. No es un recargo arbitrario: es el día siguiente que deja de estar disponible.
La fecha
Un sábado de junio en plena temporada de bodas y un martes de febrero no se cotizan igual. Si tienes flexibilidad de fecha, dilo al pedir presupuesto: a veces hay margen.
Si quieres algo a medida
Integrar un producto, un mensaje o el nombre de la empresa en un efecto es trabajo de creación, no de repertorio. Se cotiza aparte porque se construye desde cero para ese evento y no vuelve a usarse.
Cómo pedir un presupuesto que sirva
La mayoría de los presupuestos vagos vienen de peticiones vagas. Con estos cinco datos cualquier mago serio puede darte una cifra cerrada:
- Tipo de evento y fecha. Boda, cena de empresa, cumpleaños, comunión.
- Lugar. Ciudad y, si ya lo tienes, el nombre del espacio.
- Cuánta gente. Un número aproximado alcanza.
- Qué momento imaginas. Cóctel, después de comer, como cierre.
- Cuánto quieres que dure.
Con eso se responde en el día. Sin eso, lo que recibes es una horquilla tan amplia que no sirve para comparar.
Las señales de alarma
Un precio cerrado sin preguntar nada. Si alguien te cotiza sin saber cuánta gente hay ni dónde es, o está improvisando o tiene un show único que hace igual en todas partes.
Nada por escrito. El presupuesto tiene que decir qué incluye, cuánto dura, a qué hora se monta y qué pasa si el evento se retrasa. Los eventos se retrasan siempre.
Ambigüedad sobre el equipo. Tiene que quedar claro quién pone sonido, iluminación y escenario. Es la discusión más habitual el día del evento y se evita con una línea en el presupuesto.
Sin factura. Si no hay factura no hay contrato, y si no hay contrato no tienes a quién reclamar si no aparece.
Lo barato y lo caro
El precio más bajo casi nunca es el problema. El problema es lo que suele venir con él: repertorio genérico, sin ensayo con el espacio, sin plan si llueve y sin nadie que responda si surge un imprevisto.
Tampoco el precio más alto garantiza nada por sí solo. Lo que deberías buscar es evidencia: vídeo real de actuaciones, referencias que puedas verificar y una conversación en la que la persona pregunte más de lo que promete.
Un mago que quiere saber cómo es tu salón, a qué hora se sirve la cena y quién es el homenajeado está pensando en tu evento. Uno que solo quiere saber cuándo cobrar está pensando en el suyo.
¿Tienes un evento en mente? Cuéntame la fecha, el sitio y cuánta gente sois y te paso un presupuesto cerrado en un plazo máximo de 48 horas.